lunes, 8 de junio de 2015

El juego de las adivinanzas

Foto Sebas Navarrete.

El juego de las adivinanzas. Erika quiere ir al cine; sin embargo le pregunta a su novio: “¿Te gustaría ir a un bar o prefieres ir al Roxy?”. El novio tiene que adivinar su deseo. No es que ella quiera ocultarlo, sino que esa forma abreviada de expresión en realidad debe dar a entender lo siguiente: “Me gustaría ir al cine contigo, pero si tú prefieres hacer otra cosa, estaría dispuesta a acompañarte si fuera necesario; de todos modos, me alegraría que quisieras venir al Roxy conmigo, aunque tampoco me enfado si prefieres hacer otra cosa…” En último término, el mensaje reza así: “Yo me someto a tu deseo, pero me sentiré defraudada”.

Cuando una mujer se expresa, a menudo lo hacen con un lenguaje impreciso y ambiguo que siempre posibilita otra salida, un cambio de opinión. Exigen a su interlocutor que adivine lo que ELLAS realmente piensan o quieren decir.

Hablar entre líneas demuestra inseguridad y hace posible que el interlocutor imponga su opinión mucho más fácilmente, a veces sin que él mismo sepa lo que quería la otra persona, porque el deseo no fue expresado con claridad. 

Extraído de “Las chicas buenas van a la cielo y las malas a todas partes” de Ute Ehrhardt.