domingo, 1 de enero de 2012

Tú eres tú


No sé si recuerdan ustedes aquel momento de la película El show de Truman en la que el protagonista se da cuenta de que todo lo que sucede a su alrededor obedece a unas pautas que se repiten casi milimétricamente cada día. El hombre sale de casa, va hasta su coche, aparca, se cruza con gente que le saluda y a la que le saluda y de súbito, como en una iluminación, descubre la calidad de cartón piedra de la realidad. Es un instante que pone los pelos de punta, quizá porque remite a una experiencia más extendida de lo que creemos. Tal vez usted mismo ha tenido alguna mañana, al levantarse de la cama, una sensación parecida, pues sólo nos puede emocionar lo que, en un grado u otro, hemos experimentado en nuestra piel. En cualquier caso, lo cierto es que la repetición de los gestos cotidianos, que proporciona tanta tranquilidad, puede (si modificamos la mirada sobre ellos) producirnos inquietud.

En otras palabras, ésta bien que al salir de casa coincidamos en el ascensor con el vecino del cuarto; que luego veamos al portero retirando el cubo de la basura; que más tarde, en la cola del autobús, esté esa chica que lleva una muleta; que ya en la oficina, tropecemos, frente a la máquina el café, con el jefe de contabilidad; que la jornada de hoy, en fin, resulte como la de ayer. Todo ello quiere decir que el mundo continúa funcionando de acuerdo a nuestras expectativas y en función de lo que hemos planificado para nosotros y para los nuestros. Pero basta que alteremos un poco ese punto de vista para sentir el espanto del personaje principal de El show de Truman. ¿Y si todo fuera una representación? ¿Y si el mundo hubiera conspirado para que yo no me diera cuenta de que la vida es una especie de programa de ordenador con el que juega los extraterrestres? Extraído de “Articuentos completos” de Juan José Millás. Editorial Seix Barral.