miércoles, 11 de enero de 2012

La luz


“Yo soy”, dice la luz. Sin predicado alguno. Es la pura existencia: el acto de existir en que todo se apoya; la fuente de la vida –más que el agua- que asume todo origen. 

La luz es la unidad que no desaparece ni se diluye en relación alguna: a todas las sostiene como una mano diáfana. Y cuando, a una primera y deficiente vista, desaparece, es sólo que se cubre con un paño de sombra para no deslumbrar. Igual que el cielo, en el atardecer, usa las nubes fucsias, moradas, rosas, para que se resalten su verde, su amarillo, sus azules. 

De tal manera la luz es pintura que su presencia determina el cuerpo de ella, mezclada con la propia corriente de su dinámica y su desenvolvimiento. De manera que ya es indiscernible la conciencia de la una y de la otra. Extraído del prólogo de Antonio Gala de “La luz en la pintura”. Editorial Carroggio, S.A.