martes, 7 de octubre de 2014

Las convicciones

Bañistas en la piscina de la Alhóndiga, Bilbao. Septiembre 2014. Foto Sebas Navarrete

Las convicciones son hoy día muy valoradas, me huelo que por la mala conciencia general de que hayan tan pocas y sean tan elementales. Sin embargo, nunca se puede estar seguro del fin al que sirve una convicción ni del lugar de donde vino. Es hora de proclamar que las convicciones suelen tener orígenes dudosos y propósitos absurdos, y que por ellas se malgastan muchos esfuerzos y se infligen crueles sufrimientos a personas inocentes. Por eso es bueno, periódicamente, probar a sostener lo contrario de lo que uno cree y comprobar que también puede persuadir, incluso más que la propia creencia. Luego puede volverse al punto de partida, porque lo importante no es estar en lo cierto, sino estar a gusto. Del mismo modo, si la convicción opuesta a la convicción propia, aunque no resulte más persuasiva, se demuestra más confortable, no hay otra solución sensata que cambiar. Amargarse por lealtad a una casualidad es un signo de inmadurez. Extraído de la novela de Lorenzo Silva “La flaqueza del Bolchevique”, finalista premio Nadal 1997.