jueves, 30 de octubre de 2014

Detenerse y mirar. La Umbría, La Rioja.

La Umbría, La Rioja. Octubre 2014. Foto Sebas Navarrete

La Umbría, La Rioja. Octubre 2014. Foto Sebas Navarrete

La Umbría, La Rioja. Octubre 2014. Foto Sebas Navarrete

La Umbría, La Rioja. Octubre 2014. Foto Sebas Navarrete

La Umbría, La Rioja. Octubre 2014. Foto Sebas Navarrete

En época de vacaciones, el mundo se llena de gente que corre de un espectáculo a otro con el deseo evidente de ver muchas cosas en poco tiempo. Si es para hablar de ellas, nada mejor, puesto que es preferible tener muchos nombres de lugares para citar; es algo que llena el tiempo. Pero si lo hacen para su propio placer, y para ver realmente, no acabo de entenderlos. Cuando se ven las cosas corriendo, éstas se parecen mucho. Un torrente siempre es un torrente. De este modo, quien recorre el mundo a toda velocidad no es mucho más rico en recuerdos al final de su viaje que al comienzo.

La verdadera riqueza de los espectáculos está en los detalles. Ver es recorrer los detalles, detenerse un poco en cada uno y, nuevamente, captar el conjunto con una mirada. Ignoro si los demás pueden hacer eso rápidamente, y correr a otra cosa y recomenzar de nuevo. Yo no sabría hacerlo. Qué dichosos son los habitantes de Rouen, que cada día pueden mirar algo hermoso y aprovechar de Saint Ouen, por ejemplo, como de un cuadro que tuviera en su casa.

Cuando se visita un museo o un país turístico una única vez es casi inevitable que los recuerdos se difuminen y acaben por formar una especie de imagen gris, de líneas difusas.

Para mi gusto, viajar es recorrer un metro o dos, detenerse y mirar otra vez un nuevo aspecto de las mismas cosas. A menudo, sentarnos un poco a la derecha o a la izquierda es suficiente para cambiarlo todo, mucho más que si recorriéramos cien kilómetros.

Si voy de torrente en torrente encuentro siempre el mismo torrente. Pero si voy de roca en roca, el mismo torrente se transforma en otro a cada paso que doy. Y si me fijo en una cosa ya vista, me sorprende más que si fuera nueva, y realmente es más nueva. Se trata, únicamente, de escoger un espectáculo rico y variado, a fin de no dormirse en la costumbre. Hay que añadir que a medida que uno aprende a ver, un espectáculo cualquiera encierra gozos inagotables. Además, en cualquier parte uno puede ver el cielo estrellado. Este sí que es un hermoso precipicio. 29 de agosto de 1906. “Viajes” Émile Chartier. Extraído de Mira a lo lejos, 66 escritos sobre la felicidad. Editorial RBA