jueves, 20 de diciembre de 2012

A contracorriente

Madrid, Puerta de Alcalá. Foto Sebas Navarrete

El artista que se educa a contracorriente, por cuenta propia, sin guía eficaz de verdaderos maestros, corre ciertos peligros, pero también adquiere una gran capacidad de soberanía interior y resistencia. El peligro mayor es el de seguir durante demasiado tiempo caminos que no llevan a ninguna parte, o el descubrir con mucho esfuerzo lo que ya es sabido. Pero la ventaja es que adquiere un olfato casi animal para reconocer aquello que más necesita y un recelo muy acusado contra cualquier forma de dirigismo; y quizás también una soledad que a veces puede hacerle sentirse aislado o perdido, pero otras lo protege de acatar con demasiada facilidad esas ortodoxias de cada momento que hacen pasar por necesidad histórica lo que al cabo de un cierto tiempo resulta que sólo era el capricho de la moda. Extraído de “El atrevimiento de mirar” de Antonio Muñoz Molina. Editorial Galaxia Gutenberg