miércoles, 7 de marzo de 2012

El Viaducto de Madrid





La idea de unir el Palacio Real con la iglesia de San Francisco el Grande por medio de una gran avenida fue abordada por primera vez en tiempos de los Borbones. Así, la orientación norte-sur del nuevo Palacio Real que había proyectado Juan Bautista Sachetti en 1736, apuntaba la necesidad de conectar la entrada sur del palacio con una gran avenida que salvara el desnivel del barranco de la calle Segovia, consiguiendo con ello una entrada majestuosa y monumental.

El problema radicaba en el elevado coste de la obra y la gran cantidad de tierra que habría que mover para conectar la Plaza de Armas con las Vistillas. Durante el breve reinado de José Bonaparte, el arquitecto real Silvestre Pérez apuntó como solución práctica, para resolver el desnivel que generaba la vaguada de la calle de Segovia, la construcción de un colosal viaducto en la misma proyección que el eje de la fachada principal de Palacio, pero la falta de recursos hizo posponer la idea.

A mediados del siglo XIX se volvió a retomar pero, como señalaría Fernández de los Ríos en su «Guía de Madrid» (1876), de manera «más provechosa para los intereses generales y la pública viabilidad», esto es, trazando un viaducto que no sigue el eje del palacio, sino como prolongación de la calle Bailén, uniendo los barrios de Palacio y San Francisco.

Entre 1872 y 1874 el arquitecto Eugenio Barrón construyó el viaducto con una innovadora estructura de hierro y madera, como parte de un proyecto de reforma general de la calle Bailén que se había aprobado en 1861 y que había tenido su origen en las demoliciones que realizó Bonaparte en el entorno de la fachada oriental del Palacio Real. La remodelación de la calle de Bailén hasta su encuentro con la iglesia de San Francisco concluyó en 1883 e implicó la demolición de otras tantas casas de esta parte de la ciudad y de algún edificio singular, como la Iglesia de Santa María de la Almudena, la más antigua de Madrid y según cuentan las crónicas había sido mezquita durante época árabe.

Durante la Segunda República el ayuntamiento convocó dos concursos públicos, uno en 1931 y otro al año siguiente, para construir un nuevo viaducto que sustituyera al que realizó Barrón, puesto que ya había sido necesario reformarlo en varias ocasiones (1921 y 1927). El proyecto ganador fue el presentado por los arquitectos Ferrero, Aracil y Aldaz, consistente en una obra racionalista de hormigón armado pulido, formada por tres bóvedas de 35 metros de luz y cuatro nervios. Las obras se prolongaron hasta 1934, aunque de nuevo en 1942 hubo que reconstruirlo por los daños que había sufrido durante la Guerra Civil.

En 1975 fue cerrado al tráfico y se barajó la hipótesis de derribarlo y remplazarlo por uno más moderno, aunque en última instancia se decidió mantenerlo y restaurarlo (1977-1978). Fuente de esta información: madridhistorico.com