jueves, 9 de enero de 2014

Nacemos desnudos.

Foto Sebas Navarrete

Nacemos desnudos, sin pautas de conducta que nos encorseten en religiones, sistemas políticos o grupos sociales. En la edad de la inconsciencia nada está prohibido: miramos a todas partes, tendemos la mano a desconocidos y hablamos sin medir las palabras. Todos con todos o todos contra todos, en un juego libre e ingenuo de risas y llantos.

En la segunda infancia nos etiquetan de rojos, blancos, azules, musulmanes, judíos, cristianos, católicos, homosexuales, demócratas, rebeldes, radicales, testigos de Jehová… En esta etapa sabemos de nosotros y de los demás por el nivel económico y tomamos conciencia del lugar que nos corresponde.


Los blancos con los blancos y los negros con los negros, los rojos con los rojos y los azules con los azules, los listos con los listos y los idiotas con los idiotas. Así pues, el destino nos marca y aprendemos los valores de nuestra cultura. Los símbolos del poder trazan la circunferencia que será nuestro universo. Extraído de “El documento fotográfico. Historia, usos, aplicaciones”  de Juan Miguel Sánchez Vigil, editorial Trea.