martes, 5 de agosto de 2008

El estado.


Toda explicación del los orígenes del estado parte de la premisa de que “nosotros” (no los lectores, sino algún nosotros genérico, tan amplio que no excluya a nadie) participamos en al creación del estado. Pero lo cierto es que el único “nosotros” que conocemos (nosotros mismos y las personas que nos rodean) nacemos en el estado; y nuestros antepasados, hasta tan lejos en el tiempo como podamos remontarnos, también nacieron en el estado. El estado está siempre ahí, antes que nosotros.
Si, pese a la evidencia de nuestros sentidos, aceptamos la premisa de que nuestros antepasados crearon el estado, entonces debemos aceptar también lo que esto comporta: que, si lo hubiésemos elegido, nosotros o nuestros antepasados podríamos haber creado el estado de alguna otra forma; tal vez, también, que podríamos cambiarlo colectivamente si así lo decidiéramos. Pero lo cierto es que, incluso colectivamente, a quienes están “bajo” el estado, a quienes “pertenecen” al estado, les resultará difícil de veras cambiar la forma del estado. Desde luego carecerán (carecemos) de poder para abolirlo. J.M. Coetzee, premio Nobel de literatura. Diario de un mal año.