
Cuando se termina la partida de ajedrez se da la mano al derrotado, no cuesta nada ser generoso frente a un rey tumbado.

Una china tirada a un estanque suscita ondas concéntricas que se extienden sobre su superficie, involucrando en su movimiento, a distancias distintas, con distintos efectos, al nenúfar y al junco, al barquito de papel y a la balsa del pescador. Objetos que mantenían el aire, en su paz en su sueño, son como reclamados a la vida, obligados a reaccionar, a entrar en relación entre sí. Otros movimientos invisibles se propagan en profundidad, en todas las direcciones, mientras la china en la caída remueve algas, espanta peces, provoca siempre nuevas agitaciones moleculares. Cuando al fin toca fondo, subleva el barro, empuja a los objetos que yacían allí olvidados, desentierra a algunos, otros acaban recubiertos de arena. Innumerosos acaecimientos, o microacaecimientos, se suceden en un tiempo brevísimo. Aun teniendo tiempo y ganas, ni siquiera sería posible registrarlos a todos, sin omisiones.
La pregunta es: ¿puede la inteligencia humana trascender? ¿Puede el simio pensante alcanzar algún pedazo real de realidad? ¿O estamos condenados a soñar para, al despertar, pasar a otro sueño? Decía Edgar Allan Poe que todo lo que vemos “no es más que un sueño dentro de un sueño”. Salvador Pániker. Asimetrias.