viernes, 20 de octubre de 2017

Todo avanza sin fin, aun teniendo un final

Espasante, La Coruña, julio 2017. Foto Sebastián Navarrete


Imagínate el tiempo como un perro que huye,
enseñando los dientes, con la cabeza vuelta.
O bien como la mar, que, cuando sube,
crecida en su delirio, parece más pequeña.

La memoria es la esfera de niebla de un reloj
que valora las horas sólo cuando mueren.
(Vigila el pensamiento, que es fuente del terror.

Y mueve con cuidado
las fichas de la suerte.)

Todo avanza sin fin, aun teniendo un final,
y se hace todo extraño como un cerro de oro
en manos de un bufón
que ríe, sufre y baila.

El tiempo que nos queda perdió su eternidad.
De modo que aceptamos su fluir, porque tan sólo
lo fugitivo alivia de la nada.


Prólogo y logomaquia. Felipe Benítez Reyes

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Y como voy a saber lo que pienso si no lo he dicho todavía? E.M. Forster.
Te doy las gracias por opinar y participar. Saludos.