sábado, 30 de mayo de 2009

viernes, 29 de mayo de 2009

Citar.


“Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo...”. Fernando Savater.

jueves, 28 de mayo de 2009

El cine y la vida. La elipsis

Foto. Parque Polvoranca, enero 2009. Leganés (Madrid)

La elipsis, en el cine, sirve para que ese señor que estaba sentado en una silla lo veamos de repente asomado a la ventana ahorrándonos el penoso trámite de filmarle yendo del salón a la cocina, o de lunes al jueves. Lo que viene a demostrar esta fórmula narrativa es que movimientos realmente esenciales hay pocos, muy pocos, a lo largo de la semana, incluso a lo largo de la vida. Dos tercios de la existencia se van prácticamente en movimientos de traslación o de rotación alrededor de la nada. O eso nos parece, aunque en el fondo es un privilegio que en la vida real sean imposibles las elipsis. Cuando servidor era pequeño, jugaba a adelantar el reloj con la fantasía de que de ese modo durarían menos la clase de matemáticas o el dolor de muelas. Si el tiempo hubiera transcurrido a la velocidad que uno deseaba, a estas alturas estaría muerto, lo que tampoco es tan grave.
Lo grave es que para hacer elipsis hay que tener un olfato muy fino.
¿Cómo saber qué es lo esencial y qué lo accesorio? ¿Cómo averiguar, en fin, si el momento existencialmente importante sucede cuando uno está asomado a la ventana o mientras se dirige a ella? Una de las etapas más delicadas de una película es la del montaje. Ahí es realmente donde se articula el relato, donde se decide si esto se tira o se incorpora, y si se incorpora de qué forma. Hay muchos modos de articulación: la rodilla y el codo, por ejemplo, son opciones de coordinación muy diferentes. Y hay quien une el otoño al invierno con un simple catarro y quien necesita una gripe brutal o un ardor de estómago.
El caso es que si al final de la vida nos dieran todo el material que hemos producido para que seleccionáramos lo más significativo y lo montáramos a nuestro criterio, quizá los momentos más irrelevantes, como la clase de matemáticas o el viaje en autobús, se convirtieran en lo fundamental. En eso como en lo demás, la existencia tampoco se parece en nada al cine. Pero ¿quién dijo que tenían que parecerse? El día en el que ir al cine sea ir a la vida quebrará la industria. Sin embargo, el día en el que ir a la vida sea como ir al cine se agotarán las entradas. No caerá esa breva. Juan José Millás.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El valor.

Patricia Kolesnicov es periodista y argentina, más periodista que argentina en mi opinión, pero esto es solo una pequeña idea de literato, colocar la profesión antes que la nacionalidad como si estuviera substituyendo un mundo por otro. Hace años le apareció un cáncer de mama al que se enfrentó con el valor con que solo una mujer es capaz. No lo digo para quedar bien, para ganar indulgencias entre la otra mitad de la humanidad. Si lo digo es simplemente porque lo pienso: ante el dolor, ante el sufrimiento, ellas son mucho más valientes que nosotros. El niño que llora y se queja por haberse desollado una rodilla sigue existiendo en el hombre aunque hayan pasado muchos años, y cuantos más pasen, más se notará esa presencia, la mujer le puso un decidido chupete en la boca y, si no consiguió callarlo del todo, al menos le aplicó sordina a sus lamentos, que los hará relativamente soportables ante oídos y sensibilidades ajenas. El hombre exhibe, la mujer no quiere que se note.
Cuando el cáncer fue vencido, Patricia escribió un libro al que le dio el título de “Biografía de mi cáncer”. No me gustó y se lo dije, pero ella no me hizo caso. El libro (publicado también en Portugal, en la editorial Caminho) traza sin complacencias un recorrido durísimo y, tal vez para honrar la palabra de quienes afirman que existe un humor judío particular (Patricia es judía) el relato, que en otras manos sería grave, inquietante, incluso asustador, despierta frecuentemente en nosotros una sonrisa cómplice, una súbita risa, una irreprimible carcajada. Con un poco más Patricia Kolesnicov se nos mostraría maestra de la paradoja y del más negro de los humores.
Patricia acaba de recuperar los derechos sobre su obra y no se le ha ocurrido mejor idea que ponerla en Internet para uso, disfrute y lección de todo el mundo. Léanla y agradézcanselo. Y, ya puestos, agradézcanme también a mí que soy su amigo y he escrito estas palabras justas, mínimas para lo que ella merece, y que otros (sus lectores) harán crecer a través del respeto y de la admiración. Por su valor. José Saramago.
Enlace al libro.

martes, 26 de mayo de 2009

Gigantes.


Es hermoso tener la fuerza de un gigante, pero es terrible usarla como un gigante. Shakespeare.

lunes, 25 de mayo de 2009

Allí donde tú no estás.


“Saber que no se escribe para el otro, saber que lo que voy a escribir nunca conseguirá que me ame quien yo amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que está precisamente allí donde tú no estás, es el comienzo de la escritura”.(Roland Barthes)
Si la escritura está allí donde tú no estás, ¿dónde está? Si la escritura comienza allí donde tú no estás, ¿de dónde sale? Si extrae su savia del duelo que sientes por ti, ¿de qué savia se alimenta? Que se me diga inmediatamente qué es este comienzo vacío de uno mismo. Y, entonces, ¿por qué? Y comenzar ¿qué? ¿De qué vacío de ti hacia qué otro vacío de ti? Si no estás ni en el comienzo ni en el final, ¿para qué dejar aflorar las palabras? Si se han emancipado de ti, ¿quién las reclama? Que declinen en silencio, que se disgreguen en el sombrío cercado si están desprendidas de ti. ¿De dónde sale esta utopía de una escritura son objetos, sin destinatario? ¿Sin llamada de auxilio? Si tú no estuvieras allí, yo no escribiría. Yasmina Reza. Hammerklavier.

domingo, 24 de mayo de 2009

Amor.


Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída, pero los dos se entregan. Borges.

sábado, 23 de mayo de 2009

Dios

En el campo suceden muchas cosas. Ahora mismo se ha detenido sobre el teclado del ordenador un saltamontes que mira con un ojo lo que escribo y con el otro me contempla a mí. Es evidente que no sabe lo que ve, pero no importa porque no mira para él, sino para alguien lejano: para Dios. Dios está ciego, de otro modo no se entiende que haya creado tantos ojos, y tan diferentes, para controlar el universo. La suma de la mirada del saltamontes y la mía arroja un resultado de superficies horadadas y cuerpos cavernosos por cuyos túneles se arrastra Dios intentando entender se creación.
Le grito al saltamontes que se aparte, pero no me oye. Quizá sea capaz de percibir el roce de una babosa sobre la hierba, pero no le llega mi voz, como a mí no me llega el ruido de su mandíbula al masticar. Los dos oímos para otro: para Dios, sin duda, que está sordo. Por eso ha llenado el mundo de los insectos, mamíferos, aves y reptiles que graban toda clase de sonidos y conversaciones para él. La suma de lo recogen mis oídos y los del saltamontes es la sinfonía con la que se desayuna Dios, mientras huele la mañana con nuestro olfato.
El saltamontes ha recogido un resto orgánico del teclado del ordenador –quizá una escama microscópica de la yema de mis dedos- y lo mastica al tiempo que yo trago saliva. ¿Comeremos también para Dios?, me pregunto. Dios no soporta no tener estómago, por eso ha llenado el universo de abdómenes especializados en digerir para él. Dios carece de vista, tacto, oído, olfato, gusto. Quizá no existe, así que para tapar esa carencia atroz ha llenado el universo de anélidos, lamelibranquios, vertebrados, acéfalos, reptiles… Todo te parece poco si no existes, y demasiado si un día, al asomarte a los ojos de un insecto, comprendes que aunque es él el que te mira, es otro el que te ve. Juan José Millás.

viernes, 22 de mayo de 2009

Las semillas de la bondad y del odio.


Todos los seres humanos venimos al mundo con las semillas de la bondad y del odio, de la racionalidad y del disparate. Pero nadie se vuelve cruel sin tomarse el tiempo necesario para aprenderlo. La experiencia que más predispone al hombre y a la mujer a recurrir a la fuerza despiadada es haber sido objeto o testigo de actos de agresión maligna repetidamente durante la niñez. Con el tiempo, para estas personas el recurso a la violencia se convierte en el método preferido para aliviar frustraciones, superar desengaños y alcanzar metas. No olvidemos que la única forma de aprender a amar es siendo amado y la única forma de aprender a odiar es siendo odiado. El País Semanal. Domingo, 26 de mayo de 1996. Luís Rojas Marcos. El precio de la violencia.

jueves, 21 de mayo de 2009

De la muerte.


Sabemos que mueren los demás, pero si en un momento de indeseada lucidez se nos ocurre pensar que también nosotros moriremos, esa certeza se nos antoja inverosímil. - Antonio Muñoz Molina - Las apariencias.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El odio.

“Está claro que cualquier diferencia, por mínima que sea, puede servir de argumento para despreciar al otro: dinero, educación, color de piel, religión, partido político, corte de pelo, cualquier cosa. Los enemigos te revitalizan. Los malvados, los yijadistas, los bárbaros. El odio es excitante y contagioso, además de eliminar convenientemente toda ambigüedad. Te limitas a lanzar tu propia mierda al vecino.” Siri Hustvedt. Elegía para un americano.

martes, 19 de mayo de 2009

El amor en los tiempos del cólera.


La viuda de Nazaret no faltó nunca a las citas ocasionales de Florentino Ariza, ni aun en sus tiempos más atareados, y siempre fue sin pretensiones de amar ni ser amada, aunque siempre con la esperanza de encontrarse algo que fuera como el amor, pero sin los problemas del amor. Algunas veces era él quien iba a su casa, y entonces les gustaba quedarse empapados de espuma de salitre en la terraza del mar, contemplando el amanecer del mundo entero en el horizonte. Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti. In memoriam

Ustedes. Ustedes, los mandarines de la tortura, los distribuidores del castigo, los que se cebaron en el prójimo indefenso, ¿cómo pueden soportar en el insomnio, regocijarse en el cariño de su madre?
Lo más asqueroso de su cochina memoria es su imitación de vida. Casi todos dicen ser devotos. ¿Será que acaso creen que su dios es un desalmado, un feroz, un iracundo? Puede ser.
Ustedes, los que hieren, los que fusilan, los que arrojan cadáveres al mar, los que no pueden ni con su sombra, los que dejaron la conciencia en el desierto y el futuro en el pasado, ¿son tan cobardes como para colgarse en el pecho una medalla o abrazar a sus hijos sin el menor escrúpulo?
Por favor, miren hacia arriba, atraviesen las nubes, y luego déjense caer caer caer. El suelo los espera con la muerte, no la de todos sino una más roñosa.
Mario Benedetti ha fallecido en Motevideo a la edad de 88 años.

domingo, 17 de mayo de 2009

Franz Kafka. Cuento.

Foto: Palacio de Juan de Goyeneche en Nuevo Baztán (Madrid)

Pareciera que se ha descuidado bastante el sistema de defensa de nuestro país. Hemos dejado de preocuparnos por ese asunto, concentrándonos en las tareas de la vida cotidiana; pero los hechos que han estado ocurriendo últimamente comienzan a inquietarnos.
Tengo mi taller de zapatero remendón en la plaza frente al palacio del emperador. Apenas levanto las persianas, con las primeras luces del alba, veo una multitud de soldados en armas apostados en la desembocadura de las calles que dan a la plaza. Ésos no son soldados nuestros; obviamente, son nómades del norte. De alguna manera que no llego a comprender han llegado hasta la capital, aunque es un camino bastante largo desde la frontera. De cualquier modo, aquí están, y cada día que pasa pareciera que hay más.
Fieles a su naturaleza, acampan bajo el cielo abierto, puesto que detestan las viviendas. Se entretienen afilando espadas, sacando punta a sus flechas y practicando equitación. Esta pacífica plaza, que siempre mantuvimos escrupulosamente limpia, se ha convertido prácticamente en un establo por culpa suya. A veces salimos de nuestros locales y barremos al menos un poco, pero esto sucede menos cada día. Es un trabajo inútil y nos arriesgamos a ser aplastados por los cascos de sus caballos salvajes o ser heridos por sus látigos.
Dialogar con los nómades es imposible. No conocen nuestro idioma; de hecho, dudo mucho de que tengan un idioma propio. Se comunican entre ellos como lo hacen los cuervos. Siempre oímos graznidos de cuervos. Nuestra forma de vida y nuestras instituciones les son incompatibles, y ni siquiera tratan de entenderlas. Por lo mismo, no tienen la menor intención de entender nuestros gestos. Aunque uno haga muecas hasta dislocarse la mandíbula y las manos, ellos no lo perciben, y nunca lo harán. Ellos mismos hacen señas de vez en cuando: ponen en blanco los ojos y echan espuma por la boca, pero no quieren decir nada con eso, ni siquiera como amenaza: lo hacen porque es parte de su naturaleza. Lo que necesitan, lo toman. No puede decirse que lo hacen por la fuerza. Agarran una cosa, y uno simplemente se mueve hacia otro lado y los deja hacer.
De mi taller también han tomado varios buenos artículos. Pero no me puedo quejar cuando veo, por ejemplo, cómo sufre el carnicero al otro lado de la calle. En cuanto tiene algo de mercadería, los nómades se la roban y la engullen en un segundo. Incluso sus caballos devoran carne: no es raro ver un jinete y su caballo, juntos, mordiendo el mismo pedazo desde cada extremo. El carnicero está nervioso, y no se atreven a interrumpir las entregas de mercadería. Todos lo entendemos, y juntamos dinero para que continúe con el negocio. Si los nómades no tienen su carne, nadie sabe qué cosa podrían hacer. Nadie sabe, de cualquier modo, qué harán, comiendo carne todo los días.
Hace no mucho el carnicero pensó que, al menos, podría ahorrarse el trabajo de descuartizar al animal, así que una mañana trajo un buey vivo. No lo volverá a hacer jamás. Estuve una hora tendido en el suelo en la parte de atrás de mi taller, cubriéndome la cabeza con todas mis ropas, tapetes y almohadas, tan sólo para evitar escuchar los mugidos del animal. Los nómades se le arrojaban encima por todos lados, arrancando grandes pedazos de carne viva con los dientes. No hice un solo ruido hasta que me atreví a salir. Estaban tirados en el suelo, exhaustos, alrededor del cadáver, como borrachos en torno a un tonel de vino.
Fue ésa la ocasión en la cual creí ver al emperador en persona, ante la ventana del palacio. Casi nunca va a las habitaciones exteriores, sino que pasa la mayor parte del tiempo en el jardín interior del palacio. Pero en ese momento estaba de pie, o al menos eso me pareció, frente a una de las ventanas, viendo con la cabeza gacha los sucesos que tenían lugar frente a su residencia.
“¿Qué sucederá?”, nos preguntamos. “¿Cuándo más podremos aguantar esta carga y este tormento?” El palacio imperial ha traído a los nómales hasta aquí, pero no sabe cómo hacer para expulsarlos. Sus puertas permanecen cerradas; los guardias, que solían marchar de un lado a otro ceremoniosamente, se esconden detrás de ventanas enrejadas. Nos toca a nosotros, a los artesanos y comerciantes salvar a nuestro país, pero no estamos a la altura de esa tarea, ni afirmamos nunca que podíamos hacerla. Se trata de algún malentendido, y ese malentendido será nuestra ruina. Franz Kafka. Cuento. Un viejo manuscrito.

sábado, 16 de mayo de 2009

Islas


Cada ser humano es una isla. En el mejor de los casos, pertenece a un archipiélago. Aun así, cada isla es distinta de las otras. Algunas son fértiles, pródigas, ubérrimas. Otras son áridas, magras, resecas.
Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre qué rasgos asume su rostro de náufrago.
Cando el ser humano se aburre de su soledad, entonces se comunica con otra u otras islas, a nado, o en balsa, en lancha o en canoas. Y en la otra isla conoce a otros náufragos y también a otras náufragas, y a veces se enamora.
El amor une a las islas como una corriente. A veces dos islas copulan y nace un islote. Mario Benedetti. Vivir adrede.

viernes, 15 de mayo de 2009

Amantes.

Por la tarde, la mujer fatal y el hombre irresistible se encuentran en un café de paredes color ocre. Se miran a los ojos; saben que esta vez será la última. Desde hace semanas, a uno y otra se les viene haciendo evidente la fragilidad del hilo que los ha unido desde hace más de tres años y que los hacía llamarse a todas horas, vivir el uno para el otro; una agitación tal que ni las tardes de domingo eran aburridas. Ahora el hilo está a punto de romperse. Ha llegado el momento de poner en duda el amor que se tienen y, en consecuencia, acabar.
Antes se veían casi todos los días, y cuando no se veían se llamaban por teléfono. En las últimas semanas apenas se han visto tres veces, y los encuentros no han sido alegres. Sin habérselo dicho, los dos saben que el encuentro de hoy es para despedirse irremisiblemente. Han llegado a tal grado de compenetración que a ninguno de los dos le hace falta explicitar que se aburre; los dos se percatan simultáneamente. Se cogen de la mano y recuerdan (cada cual para sí, en silencio) la perfección fornicatoria a que han llegado últimamente: ellos mismos se maravillan. No es extraño que al lado de semejantes acrobacias el resto de sus vidas les parezca insípido. Toma café, se dicen adiós y se va cada uno por su lado. Ella se ha citado a cenar con un hombre; él se ha citado a cenar con una mujer.
Después de los postres, la mujer fatal tarda una hora y media en irse a la cama con el hombre con el que se ha citado. El hombre irresistible tarda tres en irse a la cama con su acompañante. Ambos se descubren haciéndolo con tanto torpeza que se emocionan. ¡Qué pasividad! ¡Qué impericia! ¡Cuánta ansiedad! ¡Cuanta impaciencia! Les queda por recorrer un camino muy largo antes de llegar con los nuevos amantes a la perfección a la cual han dicho adiós esta tarde, con un café. Quim Monzó. El porqué de las cosas.

jueves, 14 de mayo de 2009

Del deseo y el amor


Aunque estaba profundamente enamorado, no experimentaba ningún deseo consciente en cuanto al establecimiento de relaciones físicas. En realidad, sentí que mi amor había sido profanado cuando una noche tuve un sueño sexual en que el amor tomó una forma menos etérea. Gradualmente, sin embargo, la naturaleza se encargó de este asunto.- Bertabd Russell - Autobiografía.

martes, 12 de mayo de 2009

Hombre nuevo.

Culturalmente, es más fácil movilizar a los hombres para la guerra que para la paz. A lo largo de la historia, la Humanidad siempre ha sido inducida a considerar la guerra como el medio más eficaz para la resolución de conflictos, y siempre los que gobiernan se han servido de los breves intervalos de paz para preparar las guerras futuras. También siempre las guerras se declaran en nombre de la paz. Y siempre para que mañana vivan pacíficamente los hijos son sacrificados hoy los padres…
Esto se dice, esto se escribe, esto se hace creer, ya que se sabe que el hombre, aunque históricamente educado para la guerra, transporta en su espirito una permanente ansía de paz. Por eso ésta es usada tantas veces como medio de chantaje moral por quienes quieren la guerra: nadie osaría confesar que hace la guerra por la guerra, se jura, sí, que se hace la guerra por la paz. Por eso todos los días y en todo el mundo sigue siendo posible que salgan hombres hacia la guerra, sigue siendo posible que la guerra los destruya en sus propias casas.
Hablemos de cultura. Quizá fuera más claro si hablara de revolución cultural, aunque sepamos que se trata de una expresión desgastada, muchas veces perdida en proyectos que la desnaturalizan, consumida en contradicciones, extraviada en aventuras que acabaron sirviendo intereses que le eran radicalmente contrarios. Sin embargo, esas propuestas no siempre fueron vanas. Se abrieron espacios, se ampliaron horizontes, aunque me parezca que ya es más que hora de entender y proclamar que la única revolución realmente digna de tal nombre sería la revolución de la paz, ésa que transformaría al hombre entrenado para la guerra en hombre educado para la paz porque para la paz habría sido educado. Ésa, sí, sería la gran revolución mental, y por tanto cultural, de la Humanidad. Ese sería, finalmente, el tan aireado hombre nuevo.

lunes, 11 de mayo de 2009

Vida.


Desecha tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar. Federico García Lorca.

domingo, 10 de mayo de 2009

Indecente

Carta al periódico Público, el 10 de mayo de 2009, de José Miguel Gómez desde Cantabria.
La presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, ha dicho que es indecente que mientras la inflación es -1% los funcionarios, además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% (gran mentira, por cierto). Me gustaría explicarle lo que considero indecente. Indecente es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 euros al mes y el de un diputado 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500.
Indecente es que un catedrático de universidad o un cirujano de la Sanidad pública ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera. Indecente es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca.
Indecente es comparar la jubilación de un diputado y la de una viuda. Indecente es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste con siete, y los miembros del Gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar su cargo. Indecente es que los diputados sean los únicos trabajadores de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
Indecente es colocar en la Administración a miles de asesores, amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados. Indecente es que sus señorías, cuando cesan en el cargo, tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.

sábado, 9 de mayo de 2009

Ladran, luego cabalgamos.

“Me ratifico en mi asco a una democracia como la española” Iñaki Anasagasti, senador del PNV.
Escocido por la pérdida del Gobierno vasco después de treinta años de control férreo de las instituciones, el senador del PNV da rienda suelta a su indignación un día sí y otro también para dejar constancia de que no es capaz de superar un trago tan amargo. Anasagasti siente asco de la democracia española, lo que no deja de ser un sarcasmo si se tiene en cuenta que lleva décadas viviendo a costa del Estado democrático del que reniega y que le permite expresarse de manera tan inconveniente. Por lo demás, las palabras de Anasagasti hay que enmarcarlas dentro del clásico “ladran, luego cabalgamos”, cervantino aserto que viene ni que pintado al caso de este peculiar padre de la patria que se esfuerza con ahínco en ofender sin reparar en que sus palabras, por lo que valen, se reciben entre hilaridad y la chufla. ABC 8 de mayo 2009.

viernes, 8 de mayo de 2009

Primavera e invierno.



Laguna de la Recomba, Parque de Polvoranca, Leganés. Primavera e invierno, dos paisajes del mismo espacio.

jueves, 7 de mayo de 2009

UNA EPIDEMIA DE LA QUE NO SE HABLA

Sin repercusión mediática, África occidental se enfrenta desde hace meses a uno de los peores brotes de meningitis de su historia, con 1.900 muertos y más de 56.000 casos declarados.

Cuando la comunidad internacional anda preocupada por las consecuencias del virus H1N1 que ha matado a 44 personas y ha afectado a algo más de 1.000 en una veintena de países, África occidental sufre literalmente una epidemia, que se puede prevenir con facilidad pero se ha llevado por delante a miles de africanos.
Desde primeros de este año una gran epidemia de meningitis (infección que afecta a las membranas que cubren el sistema nervioso central) se ha extendido por varios países de África. Para combatirla, Médicos Sin Fronteras (MSF), en colaboración con diversos Gobiernos, ha puesto en marcha una de las mayores campañas de vacunación de la historia.
El País. 7 de mayo de 2009

Tiempo pasado.

Para complacerme, M., me trae una foto de nuestra infancia en la que posamos los dos en la acera del bulevar Exelmans.
Mientras contemplo a A. y a mí, diminutas figuras en el centro del decorado, veo cómo desaparecemos poco a poco absorbidos por lo que nos rodea, la forma de nuestras ropas, el cartel, el coche, el color de la foto, la luz de aquel día, todas las señales entrelazadas de la existencia y de su pérdida.
Para la inconstancia, todo son sombras.
Mi madre recorta y guarda los artículos que hablan de mí.
Sin duda, ve en ello la prueba de mi presencia en el mundo. No percibe su vacuidad futura.
Yo no sólo no guardo ninguno de ellos, sino que casi no los leo.
¿Soberbia? ¿Desprendimiento?
No. Terror.
Terror a la insignificancia futura de esos pedazos de papel, terror a la cruel ironía, terror a la nostalgia, terror al paso del tiempo. Yasmina Reza. Hammerklavier.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Una vida.


Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.
Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.
Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.
Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.
La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.
Y también el desamor: un agujero.
Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.
Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.
La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.
Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.
La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.
Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.
Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.
Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.
Un cabrilleo de agua. El último chispazo.
Esta poca cosa, o esta enormidad es una vida.
Rosa montero. El País 5 de mayo de 2009.

martes, 5 de mayo de 2009

La rutina.

Los hábitos son mecanismos aprendidos que automatizan ciertas conductas de tal modo que nos permiten realizarlas con mayor facilidad, perfección, y sin necesitar que prestemos atención. Son indispensables para toda actuación eficiente. Un violinista no podría interpretar bien si no tuviera perfectamente automatizada la digitación. No se puede escribir bien en un idioma que no se domina, es decir, que no se ha automatizado. Sin embargo, los hábitos pueden liberarnos, pero también pueden esclavizarnos. Por eso deben estar sometidos a una vigilancia superior. Intentar resolver un problema de manera rutinaria sólo sirve cuando los problemas son muy elementales. El mecanismo puede dispararse automáticamente e intentar someter a su acción cualquier conflicto, en lugar de acomodarse él al conflicto. Los estudios sobre el fracaso de los directivos empresariales o de los políticos atribuyen muchos de ellos a la creencia de que lo que funcionó en un caso debe funcionar siempre. José Antonio marina. La inteligencia fracasada.

lunes, 4 de mayo de 2009

Pérdidas


El pasado es una colección de silencios, pero hay partículas calladas, irrecuperables provincias de mutismo, albas y crepúsculos que quedaron ocultos, más allá de ese horizonte tan poco hospitalario; tallos que nunca más se expandirán en rosas, oscuras golondrinas que se aclararán en uno que otro vuelo.
Lo perdido tuvo color pero ahora es incoloro. Los latidos del gastado corazón invaden nuestra noche, pero el insomnio actual tiene otra partitura. Lo perdido es también un par o dos de labios que probaron el sabor de los míos, y que ahora tan sólo puede besar en mi memoria.
Lo perdido es la luna redonda que yo hacía ovalada en mi retina y el firmamento con estrellas que ahora es apenas un cielo raso azul.
Todo se va borrando, todo pasa a ser sombra y vacío. Y el obligado acabose no nos ayuda a hallarlo. Mario Benedetti. Vivir adrede.

domingo, 3 de mayo de 2009

Nadie puede hacernos sufrir

Cada vez más seres humanos estamos comprometiéndonos con nuestro desarrollo personal para dejar de ser víctimas de nuestras circunstancias externas y comenzar a ser responsables de nuestro bienestar interno. Dado que no podemos controlar lo que nos va sucediendo en la vida, sí podemos dejar de reaccionar mecánicamente para dar una respuesta más consciente y productiva ante esos mismos hechos. Aunque nos cueste reconocerlo, nadie tiene el poder de hacernos sufrir emocionalmente sin nuestro consentimiento. Si alguien nos insulta, por ejemplo, nuestro malestar surge como consecuencia de nuestra reacción al insulto, no del insulto en sí. En el espacio que existe entre el estímulo y la respuesta es donde se encuentra nuestra verdadera libertad. Siempre tenemos la capacidad de elegir. Borja Vilaseca.

sábado, 2 de mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

Buscar


Cuando no se sabe lo que se está buscando no se encuentra. Tibor Fischer. El coleccionista de coleccionistas.