domingo, 30 de septiembre de 2007

Ambición


Cuando el rey Pirro preparaba su expedición a Italia, su sabio consejero Cineas quiso que advirtiera la vanidad de su ambición: “Bien, señor”, le dijo, “¿con qué fin tomas todas esas grandes disposiciones?” “Para hacerme dueño de Italia”, replicó el rey. “¿Y después?”, inquirió Cineas. “Penetraré en la Galia y en Hispania”, respondió el monarca. “¿Y luego?””Someteré al África y, por fin, cuando haya dominado todo el mundo, descansaré satisfecho.” “Por Dios, señor”, repuso Cineas, “dime qué te impide hallarte ahora en la condición de que hablas? ¿Por qué en este instante no te colocas en el estado que pareces pretender y te ahorras todos los trabajos y riesgos que se interponen?” Michel de Montaigne (1533-1592), de sus ensayos.

martes, 25 de septiembre de 2007

Vivir 3


Me gustaría vivir...abierta al tiempo y a la
muerte sin dolor, observar todo, recordar nada
y elegir lo que me ofrecen con
entusiasmo y decisión. - Annie Dillard

lunes, 24 de septiembre de 2007

Juventud




No es culpa de los jóvenes el que actúen; no están hechos del todo, pero se encuentran en un mundo que ya está hecho y tienen que actuar como hechos. Por eso utilizan rápidame las formas, los modelos y los guiones que más les gustan, que se llevan, que les sientan bien- y actúan.
La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden solo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para masas fanatizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastróficamente real. En ellos veo la horrible dependencia de la inmadurez. - Milan Kundera - La broma.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Vivir 2




En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.
Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos durante el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.
Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, marcan las siete, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo.
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección...Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.
También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.
Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.
Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a es instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los demás.
...Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.
Pero sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.
Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.
Sólo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.
Por eso te amo, viejo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.- El reloj parado a las siete. Cuento de Papini.



Amar


El que no conoce nada, no ama nada; el que no entiende nada no ve nada; pero el que conoce y entiende, también ama, ve... Cuanto más se comprende algo, más se puede amar... Quienes se imaginan que todos los frutos maduran al mismo tiempo que las fresas no saben nada de las uvas. - Paracelso - Médico suizo del siglo XV.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Lo bueno y lo malo


Un hombre que va por la orilla del mar agitando enloquecidamente con el brazo extendido un farol, puede ser un loco. Pero si es de noche y entre las olas hay una barca perdida, ese mismo hombre es un salvador. La tierra en la que vivimos es un territorio fronterizo entre el cielo y el infierno. No hay ningún comportamiento que sea en sí mismo bueno o malo. Es su sitio dentro del orden de las cosas el que lo hace bueno o lo hace malo.- Milan Kundera - La Broma.

viernes, 21 de septiembre de 2007

La felicidad 3


El placer profundo, inefable, que es andar por estos campos desiertos y barridos por el viento, subir un repecho difícil y mirar desde allí arriba el paisaje negro, desértico, desnudarse de la camisa para sentir directamente en la piel la agitación furiosa del aire, y después comprender que no se puede hacer nada más, las hierbas secas, a ras de suelo, se estremecen, las nubes rozan por un instante las cumbres de los montes y se apartan en dirección al mar y el espíritu entra en una especie de trance, crece, se dilata, va a estallar de felicidad ¿Qué más resta, sino llorar? José Saramago - Cuadernos de Lanzarote.

Relaciones


Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida está en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos, pero cuando se encuentran y son ya mayores, sus composiciones musicales están ya más o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y en la de la otra. - Milan Kundera - La insoportable levedad del ser.

El recuerdo


Digamos, por lo tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparece sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia.

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me había recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero que era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?

Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en este mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido. - Milan Kundera - La insoportable levedad del ser.

La felicidad 2


Contabilizar los tiempos felices, labor que se propuso y realizó el neurótico Abderramán III, conduce a conclusiones pesimistas. El citado califa, que tuvo una larga y regalada vida, había contabilizado, poco antes de morir, sumando todos los momentos felices de su existencia, poco más de trece días de felicidad. Una minucia. Joaquín Leguina. Ser hombre.

La felicidad


El amante no sabe lo que quiere; mejor dicho, quiere todo a la vez: cumplir sus ilusiones y satisfacer sus deseos. Sin embargo, nada hay que mate tanto la ilusión como realizarla, nada hay que mate tanto el deseo como su total consecución.

La felicidad es un concepto subjetivo: en el proyecto, en la promesa y en la expectativa hace su nido preferente; su primer aleteo brota más en al apetencia que en el logro. De ahí que no sea más rico el que tiene, sino el que anhela, multiplicado y engrandecido por su anhelo.

Cuentan que Alejandro Magno se desesperaba, poco ante de morir, porque había agotado las geografías que vencer. La falta de deseos y la falta de curiosidad son los más certeros síntomas del verdadero fin.

Nunca llegaremos a dar de mano en esta jornada ardua del desear. Nunca llegaremos a la puerta definitiva. Nos damos plazos, troceamos el camino, salpicamos de etapas nuestra vida. Adivinamos que nuestras aspiraciones más hondas no se han cumplido aún, pero estamos en ello, y cada día le corresponde su propio afán que lo identifica y lo ilusiona. Y sabemos que, aunque la vida fuese mucho más larga, no lo sería tanto como para cumplir todos nuestros deseos. O acaso nuestro deseo único, el deseo infinito, que se extiende como una planta tapizante, y todo lo desplaza, y lo invade todo, y se genera a sí mismo y se sucede, y nada nos garantiza que ni dos ni tres vidas nos acercarían a él más de lo que hoy estamos. Porque lo incitador y lo reconfortante es que sea el recorrido mejor que la posada, y que el verdadero triunfo no esté en el arribo, sino en la múltiple y sorprendente opulencia del viaje.

Vive


“El hombre sabe con certeza - con la mayor certeza - que tiene que morir; y, sin embargo, vive. El hombre conoce su final: el más común de todos los destinos, lo único infalible, la única verdad palmaria y evidente. Y, a pesar de ello, con valentía, en vez de suicidarse y concluir de un tajo la torturante espera, se echa en brazos de la esperanza, prosigue en su incierta andadura, y vive, y vive, y vive.”

“Por mucha parsimonia y mucha prudencia conque se administre las oportunidades de la vida, nadie alargará la suya ni una hora. Sobre el reducido mapa que nos representa ya hay una roja cruz que señala el lugar y la fecha. Al cobarde lo acompañará, hasta el fin escrito, su pavor nada más; al hipocondríaco, las amenazas falsas o reales no le consentirán desplegarse, ni fortalecerse, ni medrar; al valetudinario, acongojado en su rincón, sólo se le concede el dudoso privilegio de morir viéndose hacerlo.

Por el contrario, los que extienden la vida y la rezuman son quienes la malgastan, quienes la desperdician sea cual sea su tamaño, quienes la ejercen con fruición y la devoran como una fruta apetitosa, quienes atraviesan sus desfiladeros de peligro y desdicha con una sonrisa entre los labios. El verdadero amante de la vida, es decir, el que más la merece, será quien se sienta incapaz de detenerse, aquel al que la impaciencia le consume, a quien la urgencia de vivir se le imponga como un feliz tormento. El viviente auténtico es el que derrama su salud como un pródigo, no el que la acapara como un oscuro avaro. El problema no es del destino, sino de actitud ante el destino.

Quien empieza una obra ilusionada, en su trabajo lleva su recompensa: si no la concluye, la proseguirá quien recoja el testigo en esta carrera de relevos que nunca se termina. Quien vivió con valor y alegría deja detrás su estela. Quien confirma que el caudal de la vida es preferible desplomarlo de pronto a diluirlo sin ninguna ventaja entre la arena, es el poseedor de la clave adecuada. Porque es cierto que los amados de los dioses mueren jóvenes, también lo es que murieron así, cualquiera que sea la edad a que se muera, joven se morirá.” EL PAÍS SEMANAL, domingo 12 de mayo de 1996. Antonio Gala. Morir joven.

La maldad




A menudo escucho que os referís al hombre que comete un delito como si él no fuera uno de vosotros, como un extraño y un intruso en vuestro mundo. Mas yo os digo que de igual forma que el más santo y el más justo no puede elevarse por encima de lo más sublime que existe en cada uno de vosotros, tampoco el débil y el malvado puede caer más bajo de lo más bajo que existe en cada uno de vosotros.- Gibran Jalil Gibrán - escritor libanés. Recogido en las semillas de la violencia. -Luís Rojas Marcos.

La imagen


En la medida en que vivimos con la gente, no somos más que lo que la gente piensa que somos. Pensar en cómo nos ven los demás e intentar que nuestra imagen sea lo más simpática posible se considera una especie de falacia o de juego tramposo. ¿Pero acaso existe alguna relación directa entre mi yo y el de ellos sin la mediación de los ojos? ¿Acaso es concebible el amor sin que controlemos angustiados nuestra imagen en la mente de la persona amada? Cuando ya no nos interesamos por la forma en que nos ve aquel a quien amamos, significa que ya no le amamos. - Milan Kundera - La inmortalidad.

La tragedia


¿Te has dado cuenta de cuál es la eterna premisa de la tragedia? La existencia de ideales a los que se atribuye mayor valor que a la vida humana. ¿Y cual es la premisa de las guerras? La misma. Te empujan a morir porque al parecer existe algo más valioso que tu vida. La guerra sólo puede existir en el mundo de la tragedia; el hombre desde el comienzo de la historia no conoció otra cosa que el mundo trágico y no es capaz de salirse de el. La época de la tragedia sólo puede acabar con la rebelión de la frivolidad. - Milan Kundera - La inmortalidad.

Vivir


No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿Qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro. - Milan Kundera - La insoportable levedad del ser.